A pesar de toda la información que manejamos acerca de la nutrición, parece más fácil llegar a la luna, que alcanzar un consenso en cuál es la dieta ideal para el ser humano.

Los seguidores de dietas con “evidencia científica” (vegetarianos, veganos o crudiveganos, dieta del mediterráneo, dieta del paleolítico, dieta del grupo sanguíneo, dieta higienista, dieta de Okinawa, dieta cetogénica, dieta alcalina, dieta macrobiótica, nutrición ortomolecular …etc.) eligen una dieta al escuchar algunos de sus efectos, pero el principal objetivo siempre es adelgazar, aunque también están los interesados en vivir más sano, aunque sin hacer un estudio en profundidad de cuáles son los pros y los contras y sin saber si su condicionamiento, físico, genético o ambiental son los idóneos para ello, y sin comprender que la “emocionalidad” de nuestra forma de elegir lo que comemos, es también una pieza fundamental del puzzle que conforma nuestra salud.

No olvidemos, que si buscamos la evidencia científica que contradice las teorías de cualquiera de estas dietas, también la encontraremos, por tanto, es fundamental, partir de las circunstancias o factores que condicionan a cada persona individualmente, y elaborar una dieta totalmente personalizada, escogiendo, el denominador común de las pautas básicas de todas estas dietas, para obtener máximos beneficios, dentro de un esfuerzo razonable, fácil y llevadero para que se pueda mantener en el tiempo, ya que el TIEMPO es el “factor determinante” para conseguir la transformación deseada.

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